En Historias de fantasmas, el libro de Siri Hustvedt sobre el duelo por la muerte de Paul Auster, Hustvedt dice:
“En los últimos meses de la vida de Paul hubo periodos en los que estuvo en el hospital o demasiado enfermo para hacer el amor, pero en general su deseo persistió a pesar de los tratamientos contra el cáncer, y pudimos refugiarnos en nuestro amor físico con mucha más frecuencia de lo que jamás habría imaginado. Tres días antes de morir, me dijo, maravillado, que su lujuria había desaparecido. Su muerte era una certeza, la supresión de su impulso sexual lo presagiaba.”
En un ensayo publicado en 1920, Más allá del principio del placer, Freud relaciona los conceptos de Eros y Thanatos como pulsión de vida y pulsión de muerte. El Eros representa la sexualidad, la búsqueda del placer o la satisfacción. Mientras que el Thanatos representa la muerte a través del regreso a un estado inorgánico o de ausencia de excitación/deseo.
En una sociedad que se rige por términos opuestos (frío-calor, rápido-lento, suave-aspero…), la dualidad habla de la vida como lo contrario de la muerte. Freud habla de la muerte como una ausencia del deseo contraponiéndola frente al erotismo o al placer. Esa es la muerte de Paul Auster según las palabras de Siri. A partir de la desaparición de la lujuria, la muerte se presagia.
En Hablar solos, novela publicada por Andrés Neuman en 2009, Elena mantiene una relación sexual con el médico que trata a su marido, Mario, mientras éste vive sus últimos días. Elena se refugia en el sexo como pulsión de vida. Más allá de los juicios morales que alguien pueda hacer, es, como decía Freud, el sexo y no la vida lo que se opone a la muerte por ser un momento en el que la vida alcanza su máxima plenitud a causa del goce de los sentidos. Es esa sensación de plenitud física, de placer carnal, la que nos hace agarrarnos a la vida cuando miramos cara a cara a la muerte, pues la muerte no es más que eso, la ausencia del cuerpo y, como tal, del deseo, de lo carnal.
En algún momento de nuestra tradición judeocristiana, alguien decidió que lo contrario de la muerte era la vida, la vida como concepto abstracto, sin concretar, pero apenas que uno se presiente como un ser sintiente sabe que la vida, la vida plena, es eso: deseo, erotismo, sexualidad, dicha, sentimiento.
En el verano de 2014, mientras el cáncer iniciaba el ataque definitivo contra el cuerpo de mi madre y empezaba a degradarse y a no poder caminar sin ayuda, mantuve la relación más tórrida de mi vida. la muerte se acercaba y yo me entregaba al sexo como refugio, al placer por el placer. Era una forma de huir, pero también de vivir, de darle un espacio al cuerpo que hasta entonces había estado conquistado por la muerte.
Pienso en aquellos días y me llegan los primeros acordes de una vieja canción: “Te acariciaba el viento de poniente / te llevó a la arena bañada en salitre…”
Nunca estuve tan vivo.

