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Paco Ramos

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Reseña de Tierra fría, por Concha Pérez Rojas

Fue en uno de aquellos viajes, a la vuelta de alguna feria. Trujillo o Soria, no recuerdo. Sí recuerdo el entusiasmo de Paco, hablándome de la historia que empezaba a fraguar y que, por entonces, era apenas un proyecto remoto, una idea, una de esas visiones que sientes mágicas pero que solo mucho después irán tomando forma. No sé si él se acordará. No sé si aquella historia era exactamente la que ha acabado dando pie a este libro. Pero he identificado retazos, hilos de aquella conversación, y me ha conmovido.

Mi amigo Paco ha escrito ‘Tierra fría’, y a mí me parece uno de los títulos más preciosos que he visto en una portada en mucho tiempo. Paco Ramos es poeta, pero Paco es, por encima de todo, un narrador. En verso o en prosa, Paco ha nacido para contar historias, y eso lo sabe cualquiera que lo haya escuchado. Es una delicia ver a Paco (no solo escucharlo: verlo) enhebrar historias, con una minuciosidad y un entusiasmo que transportan al interlocutor ensimismado a esos mundos suyos que están en alguna parte, esperando para ser contados. Paco es un narrador. Y hay historias que gritan, pidiendo ser contadas. Porque la desmemoria, porque el olvido, porque la infamia, porque nuestros muertos.

‘Tierra fría’ es un acto rotundo de justicia histórica y es una historia de amor. Sobre el trasfondo de la Guerra Civil y el bombardeo de La Sauceda, en la novela se entretejen las pasiones, el devenir de vidas que los propios protagonistas ignoran porque se ignoran, porque desentrañar el pasado equivale a enfrentar el espejo y el diálogo imposible con los muertos. Al mismo tiempo, la novela de Paco está hilvanada en una narrativa ágil, plagada de diálogos que atrapan y no te dejan cerrar el libro.

Lo mismo que en su novela anterior, ‘Memento vivere’, los protagonistas son, al modo de Gregor Samsa, de Bartleby o el Julián de Tomeo, personajes que, un día, deciden romper con lo que habían sido sus vidas. Hay un punto de inflexión, y el mundo es otro y la vida es otra. En la ruptura, en el extrañamiento del afuera y del Otro, hay un re-conocimiento, el re-ligarse con lo íntimo, con el Uno: un acto valiente y salvaje de precipitación al vacío de la identidad. La mirada es riesgo, y el espejo es temeridad.

‘Tierra fría’ remueve, y conmueve hasta las lágrimas. Y, como novela histórica, tiene un acierto rotundo en el Epílogo, donde quedan perfectamente delimitadas la historia real y la ficción. Algo que el género suele obviar y que Paco solventa con un cierre maestro. En el Epílogo, Paco no solo aclara sino que, más allá de ello, reflexiona sobre los pactos factual y de ficción. El amor de Paco por la literatura, por los libros, asoma a lo largo de toda la obra, y en las últimas páginas queda al descubierto y expuesto.

Creo que Paco está en los personajes que dibuja en sus relatos, y creo también que eso dignifica lo literario. Cuando uno no puede desentenderse de lo creado, cuando en lo escrito se atropellan obra y vida, entonces es que, más allá de lo real, lo verosímil y lo ficticio, hay verdad. Y eso es lo que esperamos de la literatura, de cualquier acto creador: verdad.

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Memoria, raíces y otra forma de estar en el mundo, por Alicia Domínguez

En su nueva novela, Tierra fría, Paco Ramos aborda un tema que, aunque ampliamente tratado por la literatura histórica y de ficción, no ha perdido un ápice de vigencia ni de necesidad: el deber de recordar lo ocurrido en nuestro país tras el golpe de julio del 36 contra la República y, en concreto, el bombardeo de La Sauceda y la represión sufrida por quienes buscaron refugio en el cortijo de El Marrufo.

Pero Tierra fría no se limita a recuperar la memoria democrática sino que aborda también la resistencia frente a una trituradora productiva y consumista que nos obliga a sacrificar nuestros deseos e, incluso, el amor que desordena las tripas y pone a bailar el corazón.

Publicada por Huerga y Fierro, Tierra fría reconstruye unos hechos que son imprescindibles de recordar, máxime con los vientos reaccionarios y negacionistas que soplan. Pero no se limita a eso sino que nos ofrece una historia en el presente que enlaza, como el propio autor señala, los bombardeos y la represión franquista con otros episodios pertenecientes al territorio de la ficción.

En esa acertada combinación de literatura y realidad histórica radica uno de sus principales valores: tejer una ficción contemporánea con los hilos de hechos ocurridos tiempo atrás y conseguir que estos no aparezcan como recuerdos del pasado sino como heridas que continúan supurando en las generaciones posteriores.

La narración se articula en torno a dos lugares y dos tiempos. El pasado se desarrolla en La Sauceda, enclavada entre las provincias de Málaga y Cádiz, y nos acerca a la historia de Pedro y de Pepa, dolorosamente truncada por el golpe de estado y la represión franquista. El presente se sitúa en Genalguacil, el lugar al que Aurora Heryan regresa en busca de sus raíces y de las respuestas que el silencio familiar le ha negado durante décadas. Allí se cruza con Julio Funes, un hombre muy distinto a ella, pero también marcado por sus propias pérdidas.

Las mujeres, la columna vertebral

A mi juicio, la columna vertebral de Tierra fría la constituye las mujeres: las depositarias de la memoria, las transmisoras de los recuerdos, las que gestaron en sus vientres el dolor a la espera de poder parirlo algún día cuando, por fin, se pudiera hablar de lo horror.

El itinerario comienza con Pepa, viuda de Pedro y abuela de Aurora, a quien Paco Ramos convierte en símbolo de todas aquellas víctimas sin llanto que el franquismo dejó a la intemperie. Una mujer que, después de perder aquello que había constituido su vida y su felicidad, es capaz de rehacerse, aprender, enseñar, transmitir y recordar.

La cadena continúa con la madre de Aurora, curiosamente el único personaje que no tiene nombre. Hija de un republicano fusilado, se ve obligada a emigrar a Alemania para escapar del estigma de roja y buscar otra vida posible lejos de la tierra familiar.

Y culmina en Aurora, berlinesa de nacimiento e hija de emigrantes, que vuelve a España para reconstruir su origen y comprender la herencia recibida. Pepa vive el horror; su hija hereda el estigma y el exilio y Aurora recibe el silencio y regresa para romperlo.

Pero no solo las mujeres recuerdan. También lo hace el viejo Fileas, testigo directo del horror vivido en La Sauceda, cuyo bombardeo, a diferencia del de Gernika, no ha ocupado un lugar destacado en la memoria colectiva. Fileas encarna la memoria oral, la voz de quienes estuvieron allí y conservaron en su memoria lo sucedido cuando todavía no había archivos abiertos, reconocimientos públicos ni voluntad institucional de escuchar.

Una forma de reparación simbólica

La reflexión que surge de la dicotomía que plantea el autor entre la vida rural, tranquila y sin alardes, y la urbana, consumista, productiva y extenuante, constituye otro de los puntos fuertes de la novela. Porque Ramos siempre ha estado preocupado por mostrar la necesidad de regresar a un mundo más humano y sostenible, su poemario Los muertos de Bilderberg (Huerga y Fierro Editores, 2022) es prueba de ello.

De este modo, el encuentro entre Aurora y Julio representa una doble posibilidad: la de regresar a la persona amada y la de recuperar una forma más humana de estar en el mundo, una forma que Julio, profesional de éxito, pieza imprescindible del engranaje capitalista y hombre insatisfecho con su existencia, ha olvidado.  Y es precisamente el hallazgo del amor el que da pie a mostrar las heridas que ambos han arrastrado hasta reconocerse el uno en el otro.

Aurora necesita comprender de dónde viene; Julio, reconocer aquello a lo que renunció.

La condición de poeta de Paco Ramos se hace presente a lo largo de toda la narración. Con una prosa sencilla, fluida y profundamente poética, describe hechos, personas, afectos y espacios sin que la belleza del lenguaje atenúe la crudeza de lo contado. La alternancia entre pasado y presente, las descripciones del paisaje y la atención a los pequeños detalles permiten que la Historia en mayúsculas se encarne en las historias en minúsculas, en las vidas concretas. Especialmente lograda resulta la manera en que La Sauceda deja de ser un mero escenario para convertirse en un territorio emocional: un lugar hermoso sobre el que un día se impuso el horror y que el autor recupera como forma de reparación simbólica.

Tierra fría es, en definitiva, una novela sobre la lucha entre recordar y olvidar; entre recuperar las raíces y no dejarse atrapar por ellas; entre aceptar ser un engranaje de la maquinaria productiva o tener el valor de abandonarlo todo para buscar otro destino, el propio, y reencontrar la esencia que un día se perdió. Porque un bombardeo puede destruir un pueblo; la represión, ahogar las voces de sus habitantes; el silencio, ocultar la verdad, y la sociedad capitalista, triturar sueños y personas, pero nunca podrá acallar los gritos de la memoria y el ansia de recuperar lo auténtico.

Paco Ramos devuelve a La Sauceda y a quienes la habitaron el lugar del que nunca debieron ser expulsados: nuestra historia colectiva. Y a las personas lectoras, la esperanza de que otro mundo es posible.

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Tierra fría en La Voz del Sur

Vanessa Perondi entrevista a Paco Ramos a propósito de su última novela, Tierra fría, publicada por Huerga y Fierro Editores y basada en el bombardeo de La Sauceda acaecido el 31 de octubre de 1936.

«Casi predestinado por el peso de un pasado desconocido, Paco Ramos Torrejón (San Fernando, 1981) ha dado forma a su nueva novela, Tierra Fría, que rescata un suceso histórico y terrible, el bombardeo de La Sauceda, y reivindica la memoria y un estilo de vida alejado del atroz capitalismo.

Un alegato por el mundo rural como el espacio donde la vida puede ser realmente vida y donde la memoria femenina traspasa el silencio y el miedo de toda una dictadura.»

Puedes seguir leyendo en el enlace:

https://www.lavozdelsur.es/cultura/tierra-fria-la-novela-que-devuelve-la-sauceda-a-la-memoria-colectiva.html

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Paco Ramos estará en la Feria del Libro de Madrid

Paco Ramos estará firmando ejemplares de Tierra fría en la 85 edición de la Feria del Libro de Madrid. Dicha firma tendrá lugar el viernes 5 de junio entre las 19 y las 21 horas y el sábado 6 de junio entre las 11 y las 14 horas en la caseta 284 de Huerga y Fierro Editores.

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Presentación de Tierra fría en La Sauceda

El sábado 30 de mayo Paco Ramos presentó su nuevo libro, Tierra fría, en La Sauceda en colaboración con la asociación Casa de la Memoria de La Sauceda y el Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar. La presentación se llevó a cabo junto a la ermita bombardeada el 31 de octubre de 1936 y contó con la presencia de numerosos familiares de las víctimas del bombardeo de La Sauceda y la represión en El Marrufo, lo que dejó instantes de gran emotividad durante el transcurso del acto.

Además de la presentación también tuvo lugar un homenaje a las víctimas y una jornada de convivencia en la que se pusieron de manifiesto los valores de alegría, optimismo y libertad que reinaban en la población de La Sauceda antes del bombardeo por parte del ejército golpista.

Tierra fría es una novela de Paco Ramos publicada por Huerga y Fierro Editores en la que Aurora Heryan vuelve a la tierra de sus antepasados familiares en busca de sus raíces. Allí conocerá la historia del bombardeo de La Sauceda y la represión sufrida sobre su abuelo Pedro Rodríguez, alcalde de la población y cómo su abuela Pepa tuvo que sacar adelante a una familia herida por el genocidio fascista. Allí conocerá a Julio Funes, con quien descubrirá que hay pasiones capaces de sobrevivir al tiempo y la distancia.

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María Jesús Ruiz escribe sobre Memento vivere, de Paco Ramos

Paco Ramos publica Memento vivere (Huerga y Fierro. Colección Gnarus. 2024), una poética novela sobre el destino heroico de los seres insignificantes.

Quizás no sea verdad que la muerte iguale a todos, quizás la muerte les reserva sólo a algunos la notoriedad que el paso al otro mundo puede conllevar y esquiva, sin embargo, conceder esa oportunidad a muchos seres humanos de vida anodina, que ni siquiera de la mano de la Parca logran transcender en el Tiempo. Dejando esta idea suspendida en el pensamiento del lector comienza Memento vivere, la primera novela del hasta ahora poeta Paco Ramos quien, pese al narrar, no deja aparte la poderosa evocación del verso.

Porque constantemente evocador y siempre poético es este relato sobre un hombre llamado Pedro Abad (o sobre uno de los muchos hombres llamados Pedro Abad) que, sin resignarse a cumplir con el destino anónimo impuesto por su onomástica, lo desafía en un combate cuerpo a cuerpo con la muerte. Un hombre llamado como el copista del Cantar de Mío Cid, aquel Per Abbat que, pese haber rubricado los versos heroicos del mercenario Díaz de Vivar (“Quien escriuio este libro del Dios parayso, amen! / Per Abbat le escriuio en el mes de mayo, / En era de mill. C.C xL.v. años”), no consiguió convencer a la historiografía literaria de que él fuera su creador. Un hombre que podría llamarse igual Juan Nadie, o mejor Juan sin miedo, en cuanto que emprende un viaje iniciático no para transformarse, sino para garantizarse un sitio en la memoria de los otros.

Memento vivere es, en tal sentido, una road movie invertida, curiosa y magistralmente puesta del revés, pues no tiene como punto de partida el deseo de vivir de otro modo, sino el de morir de otro modo a como se ha vivido, y no tiene como trayecto el acto volitivo y quijotesco de enfrentarse a los molinos de viento o al ejército de ovejas, sino el de resignarse al puro azar, a la casualidad, a la mala suerte de no tener la suerte de cumplir con la propia voluntad.

Pedro Abad nos representa muy bien a todos como los no-héroes que somos. Como él –y a través de él, de su aventura-, podemos comprobar que ni siquiera somos anti-héroes, pues también para éstos la literatura reservó una capacidad de decisión que a nosotros nos han negado estos tiempos de barbarie cultural, de fascismos cotidianos y de identidades quebradas. Lázaro de Tormes, Guzmán de Alfarache, Teresa de Manzanares, tantos otros y otras, tuvieron la fortuna de elegir, de marcarse la llegada a un buen puerto (fuera éste cínico o carcelario). Pero Abad es el hombre que camina teniendo como meta la muerte, el que vaga y observa y se siente sobrepasado por las falsas promesas de neón y las estafadoras propuestas de dos felicidades por el precio de una (me resulta inevitable identificarlo, a ratos, con el protagonista de Un andar solitario entre la gente, de Muñoz Molina), el que vive exclusivamente en un tic-tac hiriente y poderoso que lo condena incluso a no morir cuando así lo ha decidido.

Pedro Abad y su andar solitario parecen emerger de Los muertos de Bilderberg, el anterior libro de Paco Ramos, un poema inmenso acerca del caos y del amor. Dominados ambos –el poemario y la novela– por la lucidez del sujeto que comprueba la imposibilidad de ser libre, ambos también hacen una propuesta temeraria y rotunda, la de la escritura. Podrá la vida ser desordenada, confusa, impía y desalmada, pero siempre habrá un escribidor anónimo, un copista, un recreador, un amanuense, un escritor desconocido, que la pase al papel y la convierta en algo que merece la pena vivir. Memento vivere.

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La Voz del Sur entrevista a Paco Ramos a propósito de Los muertos de Bilderberg

Poesía contra la desigualdad social

«La denuncia deviene grito sin sofocar contra el orden capitalista y el maltrato humano que conlleva». Esta es una de las frases del prólogo que resumen bien el espíritu del poemario Los muertos de Bilderberg (Huerga y Fierro Editores).

Bilderberg es el grupo de las 130 personas más influyentes del mundo que se reúne de forma completamente hermética. La prensa no tiene acceso a esas reuniones, y muchos menos al contenido de lo que allí se expone. A esta llamada anual acuden banqueros, empresarios poderosos, miembros de la realeza y algunos de los dueños de los principales medios de comunicación.

Paco Ramos Torrejón, nacido en San Fernando en 1981, cierra con este libro una trilogía que tiene mucho de autobiográfico, y que, a modo de Biblia, poetiza sobre el poder de las grandes fortunas y el capitalismo.

Dice María Jesús Ruiz, quien prologa su poemario, que Los muertos de Bilderberg es un libro político y amoroso, lo cual no deja de ser una denominación bastante singular para ser un libro de poemas. 

Yo nunca he calificado este libro como algo político, a pesar de que tiene mucho de social. Yo diría más bien que es un poemario humano. Considero que a todos nos duelen los desahucios, a todos nos duelen las víctimas del Estrecho y tantas otras cosas de las que se hablan en el libro. Pero sí es un poemario amoroso porque, sobre todo, habla de hacer un mundo mejor rompiendo esas estructuras de poder que nos tienen esclavizados y que nos controlan de una manera salvaje.

A todos los niveles, además, ¿no?

Sí. Poblacional, climático, capitalista. Yo creo que a eso se refiere María Jesús en torno a lo amoroso: al intentar hacer un mundo mejor.

¿Y cree que la poesía social es un instrumento potente para ayudar a la construcción de ese mundo menos injusto, mejor?

No sé si es un instrumento capaz de cambiar el mundo, pero a lo largo de la historia la literatura o las manifestaciones culturales en general siempre han tenido un componente subversivo que ha perseguido el cambio de conciencia y se ha conseguido. Quiero pensar, por ejemplo, en La cabaña del tío Tom, que logró que hubiera un pensamiento hacia Estados Unidos en contra del racismo, o tantas y tantas obras, en estos tiempos, de temática feminista y el papel de la mujer en la sociedad actual. La cultura sirve para sembrar una conciencia, y en este libro, sobre todo, quiero sembrar la conciencia de los poderes fácticos por encima del poder político, como el Club Bilderberg.

«En este libro quiero sembrar la conciencia sobre los poderes fácticos»

El libro está estructurado como una Biblia. Me gustaría que explicara esto.

Sí, presento al Club Bilderberg como el dios capitalista, creador del mundo capitalista. Todos los poderes fácticos manejan en mundo a su interés, y mueven el mundo de forma torticera.

De hecho, denomina usted al capitalismo como una religión totalitaria y opresiva.

Yo siempre digo que el capitalismo es el único sistema que mata por definición. Esta lucha del hombre, porque el hombre tenga más, hace que otros tengan menos. Eso provoca que miles de personas mueran de hambre al día. Según la Organización Mundial contra el Hambre, 24.000 personas mueren al día por falta de alimentos. Pero es que la Plataforma de las personas afectadas por la hipoteca, desde la crisis de 2011, denuncia que 13.300 personas se han suicidado debido a los desahucios. La crisis que vino en 2011, y la que de alguna manera sigue con nosotros, no es un huracán, no es un terremoto… Quiero decir que no es algo que no se puede prever. Pero el poder del capital está en manos de los hombres, que son los que deciden cuando sube y cuando baja. Por lo tanto, las crisis están muy bien orquestadas por esas estructuras de poder que están por encima de los gobiernos.  

A este poemario hay que sumarle El aprendizaje del miedo y Breve apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio. Con Los muertos de Bilderberg cierra la trilogía.

Este es un proyecto que nace a partir del 2013, y lo hace a partir de los versos de Miguel Hernández que dicen: «Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida». Mi madre enferma de cáncer que resulta mortal. De ahí nace El aprendizaje del miedo, que es lo que Miguel Hernández diría sobre la herida de la vida; luego llegó Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio, corresponde a la herida del amor, porque en ese mismo momento, también en 2013, tengo una ruptura sentimental con la pareja con la que llevaba muchos años. Finalmente, este último libro social, tiene que ver con la crisis de 2011, porque en 2013 perdí el que era mi trabajo entonces y me vi, como otros tantos españoles, oprimido por las circunstancias. 

Hay una carga autobiográfica entonces, ¿no? 

Sí, sí. Todos mis libros parten de un componente autobiográfico, de cosas que me han ocurrido, aunque luego esté pasado por el tamiz de la literatura.  

Al tener esta carga, imagino que pesada, ¿es liberador escribir este tipo de poesía?

De hecho, yo entiendo la literatura como una forma de interpretar y comprender tu propia vida. Si no es así, es que directamente no sirve. Para mí, literatura no es un entretenimiento. Forma parte de la vida de una manera absoluta. A la literatura es a lo que me agarro para mi supervivencia, para no sentirme solo. 

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La revista Zenda recoge cinco poemas de Los muertos de Bilderberg

Paco Ramos hace poesía social. Denuncia las lacras de la sociedad, las imperfecciones de la humanidad y la pobreza cada vez mayor de quienes no tienen nada. En su último poemario, Los muertos de Bilderberg, contempla el capitalismo como quien observa una religión totalitaria y opresiva. El título del libro, lógicamente, hace referencia a la famosa organización secreta.

En Zenda ofrecemos cinco poemas de Los muertos de Bilderberg (Huerta & Fierro), de Paco Ramos, con prólogo de María Jesús Ruiz y epílogo de Teresa Rodríguez.

***

PRIMERA PLAGA

Donde la indigencia es real y asfixiante.

Uberto Stabile

A nadie quiso este frío
coger al descubierto.

Y no son las calles
la trampa de una selva
cubierta de peligros,
ni en los cajeros automáticos
ni en las bocas de metro.

No deberían de serlo.

En los cartones
que se apelmazan en el suelo
duerme
la violencia salvaje de los reyes.

***

OCTAVA PLAGA

Dadme un sendero para recorrer el bosque,
dadme hierba, árboles, ríos, helechos, musgo,
dadme hongos.
Dadme una ruta que me devuelva al pecado original.
Arrastradme al centro,
donde la luz no llega,
quiero ser solo,
quiero ser una salvaje criatura en el equilibrio de este bosque.
Dadme la oscuridad para ser feto,
aquí todo lleva a nacimientos.
Borrad las huellas del hombre,
que no encuentre la ruta que vuelve a casa,
aquí donde nació libre de peligros.
Dadle ciudades donde colmar su prisa
y que el miedo nunca colme su espanto.
Dadle hormigón, carreteras, rascacielos,
dadle explosivos,
química,
alimentos transgénicos que despierten su cáncer asesino.
Dadle monedas y FMIs.
Y dadme a mí una razón para ser hombre,
estoy esperando a nacer de nuevo.

***

LAS ASCUAS

Un yunque golpea la memoria.
En su fragua se hicieron todos los inviernos.
Los golpes moldean los latidos.
Si no crepita el fuego
nada podrá hacernos temblar.

***

DEL MAR

Del mar
no es el color azul como una infancia,
ni las crestas espumosas que se acercan a la orilla,
no es el salitre que sabe
como saben todas las mujeres que he amado,
no es su horizonte confundido con el cielo,
ni la arena,
ni los bañistas que juegan a ser felices.

Del mar
es su dolor,
los cayucos que navegan sin puertos, Ítacas ni esperanzas,
la victoria de todas las medusas,
la mezquindad de las sirenas que hacen prisión
sobre cuerpos que no volverán a ver la tierra,
el laberinto de Ulises sin Penélope.

De los hombres
la fuerza que empuja a abandonar la casa,
la maldición del dios del capital,
Wall Street bajando el precio de la vida,
los niños de cuna sin teta.

De los hombres
cada huérfano.

***

Y ahora, Bilderbeg,
la voz del pueblo es nuestra.
Y tuyo el miedo del que nos has llenado,
y tuya la sombra
y también tuya la destrucción.
Hágase en mí la fuerza que ha de cambiar el mundo,
alegría la revolución de la,
el de conciencia cambio,
la de los pueblos hermandad
el débil y solidaridad con la.
Siempre para el capital muera,
usura los intereses de,
las tus arcas hipotecas que llenaste con
los gaznates siervos de tus ensogando.
Acaben, de una vez por todas,
las guerras y el hambre,
la deforestación y el suelo sobrexplotado,
la matanza indiscriminada de especies inocentes,
la aniquilación indígena, los viejos dueños de la tierra.
Libres seremos de la esclavitud,
del trabajo a cambio de migajas,
del sacrificio de no ver crecer a los nuestros,
de la tiranía de los horarios.