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María Jesús Ruiz escribe sobre Memento vivere, de Paco Ramos

Paco Ramos publica Memento vivere (Huerga y Fierro. Colección Gnarus. 2024), una poética novela sobre el destino heroico de los seres insignificantes.

Quizás no sea verdad que la muerte iguale a todos, quizás la muerte les reserva sólo a algunos la notoriedad que el paso al otro mundo puede conllevar y esquiva, sin embargo, conceder esa oportunidad a muchos seres humanos de vida anodina, que ni siquiera de la mano de la Parca logran transcender en el Tiempo. Dejando esta idea suspendida en el pensamiento del lector comienza Memento vivere, la primera novela del hasta ahora poeta Paco Ramos quien, pese al narrar, no deja aparte la poderosa evocación del verso.

Porque constantemente evocador y siempre poético es este relato sobre un hombre llamado Pedro Abad (o sobre uno de los muchos hombres llamados Pedro Abad) que, sin resignarse a cumplir con el destino anónimo impuesto por su onomástica, lo desafía en un combate cuerpo a cuerpo con la muerte. Un hombre llamado como el copista del Cantar de Mío Cid, aquel Per Abbat que, pese haber rubricado los versos heroicos del mercenario Díaz de Vivar (“Quien escriuio este libro del Dios parayso, amen! / Per Abbat le escriuio en el mes de mayo, / En era de mill. C.C xL.v. años”), no consiguió convencer a la historiografía literaria de que él fuera su creador. Un hombre que podría llamarse igual Juan Nadie, o mejor Juan sin miedo, en cuanto que emprende un viaje iniciático no para transformarse, sino para garantizarse un sitio en la memoria de los otros.

Memento vivere es, en tal sentido, una road movie invertida, curiosa y magistralmente puesta del revés, pues no tiene como punto de partida el deseo de vivir de otro modo, sino el de morir de otro modo a como se ha vivido, y no tiene como trayecto el acto volitivo y quijotesco de enfrentarse a los molinos de viento o al ejército de ovejas, sino el de resignarse al puro azar, a la casualidad, a la mala suerte de no tener la suerte de cumplir con la propia voluntad.

Pedro Abad nos representa muy bien a todos como los no-héroes que somos. Como él –y a través de él, de su aventura-, podemos comprobar que ni siquiera somos anti-héroes, pues también para éstos la literatura reservó una capacidad de decisión que a nosotros nos han negado estos tiempos de barbarie cultural, de fascismos cotidianos y de identidades quebradas. Lázaro de Tormes, Guzmán de Alfarache, Teresa de Manzanares, tantos otros y otras, tuvieron la fortuna de elegir, de marcarse la llegada a un buen puerto (fuera éste cínico o carcelario). Pero Abad es el hombre que camina teniendo como meta la muerte, el que vaga y observa y se siente sobrepasado por las falsas promesas de neón y las estafadoras propuestas de dos felicidades por el precio de una (me resulta inevitable identificarlo, a ratos, con el protagonista de Un andar solitario entre la gente, de Muñoz Molina), el que vive exclusivamente en un tic-tac hiriente y poderoso que lo condena incluso a no morir cuando así lo ha decidido.

Pedro Abad y su andar solitario parecen emerger de Los muertos de Bilderberg, el anterior libro de Paco Ramos, un poema inmenso acerca del caos y del amor. Dominados ambos –el poemario y la novela– por la lucidez del sujeto que comprueba la imposibilidad de ser libre, ambos también hacen una propuesta temeraria y rotunda, la de la escritura. Podrá la vida ser desordenada, confusa, impía y desalmada, pero siempre habrá un escribidor anónimo, un copista, un recreador, un amanuense, un escritor desconocido, que la pase al papel y la convierta en algo que merece la pena vivir. Memento vivere.

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La Voz del Sur entrevista a Paco Ramos a propósito de Los muertos de Bilderberg

Poesía contra la desigualdad social

«La denuncia deviene grito sin sofocar contra el orden capitalista y el maltrato humano que conlleva». Esta es una de las frases del prólogo que resumen bien el espíritu del poemario Los muertos de Bilderberg (Huerga y Fierro Editores).

Bilderberg es el grupo de las 130 personas más influyentes del mundo que se reúne de forma completamente hermética. La prensa no tiene acceso a esas reuniones, y muchos menos al contenido de lo que allí se expone. A esta llamada anual acuden banqueros, empresarios poderosos, miembros de la realeza y algunos de los dueños de los principales medios de comunicación.

Paco Ramos Torrejón, nacido en San Fernando en 1981, cierra con este libro una trilogía que tiene mucho de autobiográfico, y que, a modo de Biblia, poetiza sobre el poder de las grandes fortunas y el capitalismo.

Dice María Jesús Ruiz, quien prologa su poemario, que Los muertos de Bilderberg es un libro político y amoroso, lo cual no deja de ser una denominación bastante singular para ser un libro de poemas

Yo nunca he calificado este libro como algo político, a pesar de que tiene mucho de social. Yo diría más bien que es un poemario humano. Considero que a todos nos duelen los desahucios, a todos nos duelen las víctimas del Estrecho y tantas otras cosas de las que se hablan en el libro. Pero sí es un poemario amoroso porque, sobre todo, habla de hacer un mundo mejor rompiendo esas estructuras de poder que nos tienen esclavizados y que nos controlan de una manera salvaje.

A todos los niveles, además, ¿no?

Sí. Poblacional, climático, capitalista. Yo creo que a eso se refiere María Jesús en torno a lo amoroso: al intentar hacer un mundo mejor.

¿Y cree que la poesía social es un instrumento potente para ayudar a la construcción de ese mundo menos injusto, mejor?

No sé si es un instrumento capaz de cambiar el mundo, pero a lo largo de la historia la literatura o las manifestaciones culturales en general siempre han tenido un componente subversivo que ha perseguido el cambio de conciencia y se ha conseguido. Quiero pensar, por ejemplo, en La cabaña del tío Tom, que logró que hubiera un pensamiento hacia Estados Unidos en contra del racismo, o tantas y tantas obras, en estos tiempos, de temática feminista y el papel de la mujer en la sociedad actual. La cultura sirve para sembrar una conciencia, y en este libro, sobre todo, quiero sembrar la conciencia de los poderes fácticos por encima del poder político, como el Club Bilderberg.

«En este libro quiero sembrar la conciencia sobre los poderes fácticos»

El libro está estructurado como una Biblia. Me gustaría que explicara esto.

Sí, presento al Club Bilderberg como el dios capitalista, creador del mundo capitalista. Todos los poderes fácticos manejan en mundo a su interés, y mueven el mundo de forma torticera.

De hecho, denomina usted al capitalismo como una religión totalitaria y opresiva.

Yo siempre digo que el capitalismo es el único sistema que mata por definición. Esta lucha del hombre, porque el hombre tenga más, hace que otros tengan menos. Eso provoca que miles de personas mueran de hambre al día. Según la Organización Mundial contra el Hambre, 24.000 personas mueren al día por falta de alimentos. Pero es que la Plataforma de las personas afectadas por la hipoteca, desde la crisis de 2011, denuncia que 13.300 personas se han suicidado debido a los desahucios. La crisis que vino en 2011, y la que de alguna manera sigue con nosotros, no es un huracán, no es un terremoto… Quiero decir que no es algo que no se puede prever. Pero el poder del capital está en manos de los hombres, que son los que deciden cuando sube y cuando baja. Por lo tanto, las crisis están muy bien orquestadas por esas estructuras de poder que están por encima de los gobiernos.  

A este poemario hay que sumarle El aprendizaje del miedo y Breve apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio. Con Los muertos de Bilderberg cierra la trilogía.

Este es un proyecto que nace a partir del 2013, y lo hace a partir de los versos de Miguel Hernández que dicen: «Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida». Mi madre enferma de cáncer que resulta mortal. De ahí nace El aprendizaje del miedo, que es lo que Miguel Hernández diría sobre la herida de la vida; luego llegó Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio, corresponde a la herida del amor, porque en ese mismo momento, también en 2013, tengo una ruptura sentimental con la pareja con la que llevaba muchos años. Finalmente, este último libro social, tiene que ver con la crisis de 2011, porque en 2013 perdí el que era mi trabajo entonces y me vi, como otros tantos españoles, oprimido por las circunstancias. 

Hay una carga autobiográfica entonces, ¿no? 

Sí, sí. Todos mis libros parten de un componente autobiográfico, de cosas que me han ocurrido, aunque luego esté pasado por el tamiz de la literatura.  

Al tener esta carga, imagino que pesada, ¿es liberador escribir este tipo de poesía?

De hecho, yo entiendo la literatura como una forma de interpretar y comprender tu propia vida. Si no es así, es que directamente no sirve. Para mí, literatura no es un entretenimiento. Forma parte de la vida de una manera absoluta. A la literatura es a lo que me agarro para mi supervivencia, para no sentirme solo. 

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La revista Zenda recoge cinco poemas de Los muertos de Bilderberg

Paco Ramos hace poesía social. Denuncia las lacras de la sociedad, las imperfecciones de la humanidad y la pobreza cada vez mayor de quienes no tienen nada. En su último poemario, Los muertos de Bilderberg, contempla el capitalismo como quien observa una religión totalitaria y opresiva. El título del libro, lógicamente, hace referencia a la famosa organización secreta.

En Zenda ofrecemos cinco poemas de Los muertos de Bilderberg (Huerta & Fierro), de Paco Ramos, con prólogo de María Jesús Ruiz y epílogo de Teresa Rodríguez.

***

PRIMERA PLAGA

Donde la indigencia es real y asfixiante.

Uberto Stabile

A nadie quiso este frío
coger al descubierto.

Y no son las calles
la trampa de una selva
cubierta de peligros,
ni en los cajeros automáticos
ni en las bocas de metro.

No deberían de serlo.

En los cartones
que se apelmazan en el suelo
duerme
la violencia salvaje de los reyes.

***

OCTAVA PLAGA

Dadme un sendero para recorrer el bosque,
dadme hierba, árboles, ríos, helechos, musgo,
dadme hongos.
Dadme una ruta que me devuelva al pecado original.
Arrastradme al centro,
donde la luz no llega,
quiero ser solo,
quiero ser una salvaje criatura en el equilibrio de este bosque.
Dadme la oscuridad para ser feto,
aquí todo lleva a nacimientos.
Borrad las huellas del hombre,
que no encuentre la ruta que vuelve a casa,
aquí donde nació libre de peligros.
Dadle ciudades donde colmar su prisa
y que el miedo nunca colme su espanto.
Dadle hormigón, carreteras, rascacielos,
dadle explosivos,
química,
alimentos transgénicos que despierten su cáncer asesino.
Dadle monedas y FMIs.
Y dadme a mí una razón para ser hombre,
estoy esperando a nacer de nuevo.

***

LAS ASCUAS

Un yunque golpea la memoria.
En su fragua se hicieron todos los inviernos.
Los golpes moldean los latidos.
Si no crepita el fuego
nada podrá hacernos temblar.

***

DEL MAR

Del mar
no es el color azul como una infancia,
ni las crestas espumosas que se acercan a la orilla,
no es el salitre que sabe
como saben todas las mujeres que he amado,
no es su horizonte confundido con el cielo,
ni la arena,
ni los bañistas que juegan a ser felices.

Del mar
es su dolor,
los cayucos que navegan sin puertos, Ítacas ni esperanzas,
la victoria de todas las medusas,
la mezquindad de las sirenas que hacen prisión
sobre cuerpos que no volverán a ver la tierra,
el laberinto de Ulises sin Penélope.

De los hombres
la fuerza que empuja a abandonar la casa,
la maldición del dios del capital,
Wall Street bajando el precio de la vida,
los niños de cuna sin teta.

De los hombres
cada huérfano.

***

Y ahora, Bilderbeg,
la voz del pueblo es nuestra.
Y tuyo el miedo del que nos has llenado,
y tuya la sombra
y también tuya la destrucción.
Hágase en mí la fuerza que ha de cambiar el mundo,
alegría la revolución de la,
el de conciencia cambio,
la de los pueblos hermandad
el débil y solidaridad con la.
Siempre para el capital muera,
usura los intereses de,
las tus arcas hipotecas que llenaste con
los gaznates siervos de tus ensogando.
Acaben, de una vez por todas,
las guerras y el hambre,
la deforestación y el suelo sobrexplotado,
la matanza indiscriminada de especies inocentes,
la aniquilación indígena, los viejos dueños de la tierra.
Libres seremos de la esclavitud,
del trabajo a cambio de migajas,
del sacrificio de no ver crecer a los nuestros,
de la tiranía de los horarios.

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Paco Ramos: «El feminismo es la mayor revolución y la mayor esperanza para el ser humano»

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Paco Ramos: Este libro es un grito, una denuncia, una voz de hartazgo ante los acontecimientos que vienen sucediendo en el mundo especialmente desde la crisis de 2008, y es también un deseo de cambio. Una crisis económica no es un desastre natural que no se pueda predecir. La economía está gobernada por los hombres, son ellos los que suben y bajan el precio del dinero y de la vida y, por tanto, esas élites poderosas que manejan el capital son las responsables de que, según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, desde esa crisis de 2008, se hayan suicidado más de trece mil personas por haber sido desahuciadas de sus casas; o de que veinticuatro mil personas mueran de hambre al día en el mundo, según la FAO; o de que haya, según Cruz Roja, treinta mil personas malviviendo en las calles españolas. La gente tiene que saber que un 1% de la población mundial detenta el 99% de la riqueza del planeta. Este libro es una forma de señalarlos, de nombrar a los responsables de un desastre que no es natural ni impredecible. 

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Este libro forma parte de una trilogía poética junto con El aprendizaje del miedo Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio. La idea era hacer un proyecto en torno al poema de Miguel Hernández, “Llegó con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida…” Cada uno de los tres libros se corresponde con una de esas heridas; El aprendizaje del miedo es la herida de la muerte, Breves apuntes… es la del amor y Los muertos de Bilderberg se corresponde con la de la vida. Hay un gran sector poblacional que vive herida de precariedad y yo también viví y vivo esa circunstancia, pero especialmente la padecía en 2013 cuando, a consecuencia de esa crisis de 2008, perdí el que era mi empleo de entonces, sumado a unas circunstancias que, en un breve lapso de tiempo, me habían hecho perder a mi madre después de una enfermedad y vivir una ruptura sentimental. Los tres libros surgen del mismo momento y casi al mismo tiempo, escribir y leer era una forma de entender todo aquello que estaba pasando, que el mundo que durante tanto tiempo había construido se desmoronase por completo en unos pocos meses.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Que el sistema en el que vivimos no practica el bien común pero que podemos ser capaces de cambiarlo. Y que el feminismo es la mayor revolución y la mayor esperanza para el ser humano de nuestro tiempo. 

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Creo que sería muy pretencioso pensar que un libro puede conseguir un efecto. E incluso, en mi opinión, el libro perdería fuerza, por efectista, si fuese construido buscando ese efecto premeditadamente. Yo escribo como una forma de entender e interpretar mi propia vida, partiendo desde la más absoluta experiencia individual, pero tratando de llegar a lo colectivo, esa es la razón de la literatura y de todo lenguaje, que al final se produzca una comunicación entre el autor y el receptor de la obra. Dicho esto, si tuviera un efecto me gustaría que fuese el de la conciencia. 

¿En qué medida veremos en él —o no— al Paco Ramos de tus anteriores obras?

Los tres libros que he publicado hasta ahora han partido de grandes catástrofes. Sin embargo, todos terminan con una esperanza. Construir este poemario bajo una arquitectura bíblica, con un Génesis, un Antiguo Testamento, un Nuevo Testamento y un Apocalipsis me ha facilitado el hecho de poder contar una historia de principio a fin y llegar a esa esperanza, el apocalipsis de un sistema opresor tras el que ha de llegar un mundo mejor y una mejor forma de ser persona. Creo que es ahí donde mejor se me ve, en la esperanza. 

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de Los muertos de Bilderberg, ¿cuáles serían?

Siempre es muy difícil elegir, pero aún más cuando construyes un libro que funciona como un todo, no como una colección de poemas sueltos, pero por el significado que tienen dentro del libro, me quedaría con el Génesis, la Primera Plaga y El fuego. 

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

No creo que sea un punto de inflexión, sí que ha sido un libro que me ha enseñado mucho a nivel personal por el hecho de adentrarme en el terreno de la poesía social y la búsqueda de referentes y lecturas que he llevado a cabo sobre ella. Autores como Uberto Stabile, Mari Ángeles Maeso, Enrique Falcón, Antonio Méndez Rubio, Ana Rossetti, o Antonio Orihuela a los que he leído con devoción. 

Lo más inmediato es, Talasemia, un poemario en formato pliego de cordel que editan Gema Estudillo y Uberto Stabile dentro de la colección de Las hojas del baobab, de Garum Ediciones. Un libro muy diferente respecto a todo lo que he escrito hasta ahora que presentamos el 14 de octubre en Madrid y el 21 en Cádiz. Y lo más “peligroso” sucederá en primavera con la publicación de mi primera novela. He de reconocer que el cambio de género me da cierto vértigo, pero a la vez me ilusiona que puedan leerme en otro registro y acercarme a otro tipo de público que por desgracia no es lector de poesía. 

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Como lector me gustan mucho Isabel Martín, Josefina Aguilar, cuyo Aubade es uno de los libros que más me han sorprendido últimamente, o Mónica Manrique. Son tres poetas inmensas. 

Tres poemas de ‘Los muertos de Bilderberg’ de Paco Ramos

EL GÉNESIS

“Vino pues a domarnos la gente de orden”
Juan José Téllez

En el principio creó Bilderberg los Estados y el dinero
y decidió llamar capitalismo al sistema imperante. 
Y Bilderberg dijo: 
sean para nosotros los recursos del planeta, 
arrasados los bosques de la tierra,
talados sus árboles, 
contaminados sus ríos, 
explotadas sus montañas en busca del material preciado. 
Hagamos de sus pobladores mano de obra barata,
trabajen para nosotros con el sudor de su frente, 
reciban a cambio migajas en forma de salario,
minijobs y horas laborales sin contrato.
Sean los tiranos dirigentes que amenacen a su pueblo,
violen a sus mujeres, 
hagan soldados de sus niños
e impongan para siempre el miedo entre sus calles. 
De la Escuela de las Américas haremos una universidad en Panamá
donde enseñar a ejecutar con orden y concierto
suculentos golpes de estado. 
Cotizará la prensa en bolsa quedando la información en manos de magnates,
convertido en negocio el periodismo 
la verdad dejará de ser importante. 
Llamaremos “Mercado común” a la colonización empresarial 
que acabará con la desaparición de los mercados,
el empobrecimiento de las tierras, de los agricultores, de los ganaderos.
Llegará el hambre a la gente,
los pueblos volverán a ser el epicentro tremendista,
la España vacía.
Lastraremos el futuro a base de hipotecas,
los bancos serán rescatados, 
los ahorros volarán a Suiza, 
los paraísos dejarán de ser islas desiertas para ser territorios libres de fiscalidad.
La pobreza energética marcará el fin de la clase media
y de la cultura haremos un circo de payasos.
Objetos de consumo para mentes vacías serán los libros
y las televisiones voceros de la simpleza. 
Muertos Galeano, Chomsky o Casaldáliga 
los referentes serán tronistas, 
cuerpos esculpidos en modelable materia gris.

Y ya al final, sometido el ser humano a su voluntad,
Bilderberg declaró la guerra a la pobreza.
Muros de la vergüenza para proteger sus castillos
de seres humanos ilegales que transitan como escombros,
el mediterráneo convertido en una tumba,
la gran fosa común de nuestro tiempo.

Celebró, Bilderberg, la creación del mundo.
Comieron y bebieron manjares robados. 

PRIMERA PLAGA

Donde la indigencia es real y asfixiante
Uberto Stabile

A nadie quiso este frío
coger al descubierto.

Y no son las calles
la trampa de una selva
cubierta de peligros,
ni en los cajeros automáticos
ni en las bocas de metro. 

No deberían de serlo. 

En los cartones
que se apelmazan en el suelo
duerme
 la violencia salvaje de los reyes.

EL FUEGO

Padre, he visto el fuego
que ha de devorar el mundo
y no conozco hombre
que ante la revolución no se corrompa.
Por eso 
he de quemarte, padre, 
a ti,
seas pasto del fuego,
eres herida en la carne de mi madre,
de todas las madres,
de todas las mujeres oprimidas. 
Porque ahora yo porto la antorcha,
padre, 
y no habrá quien sobreviva,
padre, quien sobreviva a estas llamas
que han de devorarlo todo,
padre, 
yo porto la antorcha. 
Desandaré los caminos de los hombres
nunca nos hicieron libres
y he de quemarlos, padre, 
como también arderás tú,
que no supiste hacerme mujer
igual a los de tu especie.
Padre, ¿ves el fuego?

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Marina Casado escribe sobre Los muertos de Bilderberg

La poesía de Paco Ramos es un grito, el temblor de la llama en medio de este mundo tan frío. Lo era ya en su primera obra, El aprendizaje del miedo, en la que una experiencia personal (la enfermedad y muerte de la madre) supo alcanzar la cumbre de lo universal y logró lo que, en mi opinión, debería ser la aspiración de todo poeta: conmover al lector. Cada vez resulta un reto más complejo, porque la sensibilidad parece dormida y hay que agitarla para que despierte. Pero el poemario más reciente de Paco lo ha vuelto a conseguir.

Los muertos de Bilderberg (Huerga y Fierro) pone un espléndido broche a la trilogía poética iniciada por El aprendizaje del miedo y continuada con Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio. No es el más oscuro de los tres, pero sí aquel cuya oscuridad se extiende hasta fronteras más lejanas. Una oscuridad que cubre el mundo. Porque, en esta ocasión, el grito lírico de Paco quiere representar a una generación maltratada por la crisis económica, la suya, y a una clase social, la de los oprimidos. Es un grito que denuncia la injusticia, la pobreza y la falta de libertad en un universo gobernado por una élite a la que ha llamado “Bilderberg”, en alusión al célebre Club Bilderberg: “una verdadera casta formada siempre por élites blancas de Europa y Norteamérica y cuyo objeto, heredado de ancestrales círculos de poder, es mantener los privilegios que vieron peligrar tras el proceso de descolonización”. Bilderberg es el “Moloch” de Allen Ginsberg: “¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables!”. Es el monstruo sin rostro del capitalismo, los hilos que mueven el mundo desde la sombra.

Parte de la originalidad del libro reside en que Paco invierte los símbolos del cristianismo para establecer una identificación entre Dios y Bilderberg, por lo que encontramos cuatro secciones diferenciadas: “Génesis”, “Antiguo Testamento”, “Nuevo Testamento” y “Apocalipsis”. En su magnífico prólogo, la profesora María Jesús Ruiz precisa la clave de esa inversión: “si bien es cierto que el artificio del poeta ha sido relatar un trasunto bíblico que comienza con la creación y termina con el caos, no lo es menos que la noble trampa que nos tiende consiste en la propuesta contraria, a saber: guiarnos por la oscuridad presente de nuestro apocalipsis hasta la luz de un nuevo orden”.

Comienza el Génesis: “En el principio creó Bilderberg los Estados y el dinero / y decidió llamar capitalismo al sistema imperante, / Y Bilderberg dijo: / sean para nosotros los recursos del planeta”. A continuación, el “Antiguo Testamento”, compuesto de “Los mandamientos de la Ley de Bilderberg” y once plagas. En los mandamientos, el poeta traza un perfil de Bilderberg, que exige confianza ciega (“Creerás a Bilderberg sobre todas las cosas”), anonimato (“Omitirás el nombre de Bilderberg como si nunca hubiera existido”), ausencia de moralidad (“No tendrás convicciones éticas ni morales”, “Desprenderás al pobre de todo cuanto posea”), control de los medios (“Utilizarás los medios de comunicación a tu antojo”) y poder absoluto (“Todo cuanto sea deseo de Bilderberg será de su propiedad”).

La obra da voz a los silenciados, los olvidados, los pobres, cuya dignidad se asemeja a “la violencia salvaje de los reyes”. El mar se extiende como la frontera entre uno y otro mundo: “A esta orilla, / desde la que observamos el mar y sus prodigios, / no llegan los gritos. / Somos los sordos / de la noche aciaga y ciega”, “A lo lejos, / un hombre grita democracia / pero nadie oye el hambre de África”, “Del mar / es su dolor, / los cayucos que navegan sin puertos, Ítacas ni esperanzas”. Pero el mar no olvida y “nos mira / con los ojos / de todos sus ahogados”.

La voz se alza contra los políticos (“Ellos, / que han dirigido nuestras vidas / hacia lo que se suponía / un futuro de esperanza”) y contra ese mundo académico que no desemboca en trabajos dignos y estables (“Y sólo sé de la juventud dilapidada”). Esa inestabilidad laboral genera el fracaso en una dimensión más íntima que también queda reflejada en la obra: “si para amar / también hace falta un trabajo, / una cartera que no huela a humedad / o una seguridad social llena de cotizaciones”. No obstante, el poeta reivindica ese fracaso, porque lo contrario sería venderse a Bilderberg: “Conviene / cultivar una serie / de fracasos cotidianos”, “Las autoridades sanitarias desaconsejan amar como yo amo, / pero no sé vivir de una forma que no sea a corazón abierto”. Efectivamente, Bilderberg no soporta la sentimentalidad. La poesía es una forma de rebelión contra esa dictadura impuesta, y pide el poeta: “Arrastradme al centro, / donde la luz no llega, / quiero ser solo, / quiero ser una salvaje criatura en el equilibrio de este bosque. / Dadme la oscuridad para ser feto”. La libertad no es tan fácil de alcanzar, porque ha de existir una voluntad inicial de alcanzarla, un deseo de huir de las garras del capitalismo: “He peleado con las jaulas / hasta hacer volar a los pájaros, / ahora sólo tienen que perder / el miedo de ser libres”.

En el Apocalipsis, la añorada libertad arrasa con el orden de Bilderberg, configurando un caos que no se limita a lo semántico, sino que juega también con lo visual, con lo lingüístico. Proclama la voz lírica con rotundidad: “Y ahora, Bilderberg, / la voz del pueblo es nuestra. […] / Hágase en mí la fuerza que ha de cambiar el mundo”.

Tal vez el mundo es una dimensión demasiado grande, pero el lector sí hallará un cambio en sí mismo al terminar este libro, que nos empuja a reflexionar acerca de la sociedad y la época en la que vivimos a través de la poesía, y no cualquier poesía, sino la de Paco Ramos Torrejón, que es una flecha directa a la conciencia.

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Jesús Cárdenas escribe en Todoliteratura sobre Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio

El amor es una cuestión de equilibrio: cuando se está enamorado se está más cerca del cielo; y con el peso del desamor, en el suelo o hundido. Entre el ascenso al abismo. Ya lo veía en ese viaje vertical el chileno Vicente Huidobro en el poema “El célebre Océano”: “Yo veo desde aquí las esfinges en equilibrio sobre el alambre”.

Una dialéctica entre la luz y la oscuridad. En permanente equilibrio se hayan sometido también las palabras en la poesía, a veces incluso a una tensión extrema, a un modo deslumbrante de no participar en el anonadamiento de cierta poesía joven. Así, el segundo libro de poemas de Paco Ramos, «Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio» (Huerga y Fierro) se presenta como un destello que ensalza la vida gracias a la búsqueda y hallazgo del ser y de la palabra; un inventario para (no) caer.

Si en su primera entrega lírica, El aprendizaje del miedo (Takara Editorial, 2016) los poemas eran anclas para amarrarse al mundo, en esta segunda, los poemas constituyen finos cordeles por donde caminar.

El libro se articula en tres partes, “La caída”, “Desde la red”, “El ascenso” más un “Epílogo”, divididas cada una en preámbulo y capítulos. El hecho de escribirlo en partes con capítulos le otorga forma de relato. A lo que cabe añadir que algunos poemas tienen disposición o apariencia narrativa, incluso toma citas de novelistas como Milan Kundera (en el Capítulo 8 de la tercera parte). Se presenta la cronología del discurso amoroso del desamor al amor con saltos temporales referidos al deseo. Sin embargo, las imágenes, el empleo del lenguaje hacen del verso libre de Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio una emoción y asombro que no decaen en la lectura poema tras poema.

El impulso del amor provoca que el poeta isleño ofrezca diferentes versiones del amor. Como ya manifestara el profesor de neurobiología alemán, Gerald Hüther en su libro La evolución del amor, el amor es una perspectiva de supervivencia. En nuestro autor: el acto de amar contiene un desprendimiento (“sobrevivir mudando la piel en cada despedida”) porque es sabedor de que es finito, como la propia vida, nacemos sabiendo que vamos a morir (“Vivir el amor / sabiendo que ha de acabarse”). Acaso sean altibajos mostrados en el pliegue del mar: “Todo amor es tempestuoso en sus extremos. / La pasión devora sus principios, / asalta la quietud, / acelera el movimiento de las olas”. Mantener el equilibrio es tan importante en el salto al cable, como en la finalización, por eso en la despedida: “Porque mañana, a esta hora, / la vida habrá seguido su curso / y soplará el levante llevándose lejos / los últimos trazos de tu ausencia”. En la tercera parte, como largo homenaje del poeta isleño al mar, y especialmente a la marea, y guiño al poemario Mi nombre de agua de la poeta Marina Casado:

También el amor,

como las olas,

tiene

mil

maneras

de

romperse,

vuelve a emplear, antes de entrar en la tercera parte, un tono desolador a propósito de la fugacidad del amor, acaso el establecimiento de la analogía desamor y muerte quede perfectamente manifiesto: “El hombre sabe que los corazones paridos por el mar / boquean su vida a duras penas / como delfines varados en arena”. El agua modifica la sustancia del sujeto, en su resistencia al desamor: “Soy el hombre de barro / que no teme a la lluvia”.

Frente al joven poeta que no busca las huellas en la tradición Ramos reivindica la recuperación de la tradición clásica. En uno de los poemas de la primera parte, “Capítulo 6”, revisa el final de la célebre aventura de Homero, donde la mujer ya no le espera, sino que “ha lanzado su cuerpo / a las aguad de la Estigia”, mostrando, tal vez, el signo de la derrota: “Homero no quiso un final así para su héroe”, concluye. Por otra parte, recuérdese cómo en La Eneida Virgilio se enfrenta a la dialéctica: entre Dido y Eneas se produce la tensión entre el amor y el desamor. El tono se irá recrudeciendo mediante el empleo de referencias mitológicas (“El amor es cicuta que se bebe a sorbos”). En la tercera parte, se describe “y yo un Ulises que navegaba / hacia su propia destrucción”. En el Capítulo 3 de la tercera parte enhebra la historia a la mitología con distintas referencias a Adán y Eva, las ruinas de Palmira… Y para el penúltimo poema, uno de los más líricos del conjunto, recupera el tono optimista en los dos últimos versos: “Éfira verá algún día / a Sísifo volviendo a casa”.

Necesariamente el sujeto desea agarrarse a la vida, al amor, al deseo aun a riesgo de su voracidad, del vértigo que produce en las alturas. El escenario que mejor recrea el asombro del deseo es juvenil, un fuego tan inocente que no hay miedo a probar, a equivocarse, (“En el sexo somos niños / que miran la vida con asombro”). En el segundo poema de la segunda parte el sujeto defiende la oralidad en el sexo de un modo sutil, justificando nuestra procedencia (“Nacemos de una boca / porque no somos más que palabras, / el lenguaje de dos cuerpos que terminan en orgasmo”). Pero con los años (“A este verano ya no le quedan más días”) la corriente del deseo se termina secando (“Niños que ahora son adultos, / que perdieron su capacidad de asombro”). Con todo, en un tono optimista, Ramos se agarra al amor, entre sones darianos y cántico sanjuanesco (“El amor es un canto de esperanza, / un algo que un día se siente inesperado”).

Aunque la analogía del amor más empleada y la que otorga cohesión al libro es la referencia a Philippe Petit, el funambulista francés que alcanzó la fama por cruzar sobre un cable de acero entre las Torres de Nueva York. El poeta enamorado se identifica con él: “Como Petit, / yo también crucé / el cielo de Manhattan, / de torre a torre, / sobre un cable / […] Pero en la torre opuesta / tú no me esperabas: // sólo pretendías / cortar el cable”. Pero la fragilidad aparece mejor desarrollada en el primer poema de la segunda parte, titulada “Desde la red”. Allí puede leerse “Sobre el alambre, / la paciencia infinita del hombre / que sabe está muerto”. Al concluir que el verdadero peligro no está en las alturas: “El equilibrista no teme a las alturas, / sabe que el peligro acecha sobre el suelo”.

El poeta es consciente de que su materia es “el amor” y que el poema es “carne de palabra”, dañada, aunque tenaz “en la descompuesta piel de un árbol muerto”. Por fortuna, tenemos este manual necesario de acercarse a este “enfrentarse a la tentación de poner un paso en el vacío”.

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Rafael Duarte escribe en el Diario de Cádiz sobre El aprendizaje del miedo

Aprender desde el miedo

https://www.diariodecadiz.es/opinion/articulos/Aprender-miedo_0_1062794035.html

LA poesía no es una de las bellas artes. La poesía es el arte excelso pues no hay más que palabras, conocimiento, ritmo, intuiciones, inteligencia, lucidez y… más palabras, que sueltas, construyen el diccionario y unidas por un poeta crean la sensación única del poema.

La poesía rítmica cuando ripia es esa definición de Lope del soneto, pero no olvidemos que Lope fue el poeta más poeta de los siglos de Oro. ¿Por qué digo esto? Porque en mi mesa, calentito, tengo un libro de poemas: El aprendizaje del miedo, de Paco Ramos Torrejón, editorial Lápices de Luna. La poesía anda últimamente muy devaluada, muy de letra de canción denuncia o de rima de rap, y los autores son gente vanidosa y procaz.

l sortilegio que es el aforismo, esa especie de greguería, que suelta, eleva la metáfora más allá del adagio hasta convertirse en sentencia. La mayoría de los poetas actuales, después de asesinar la más pura poesía, han dado en aforismarse y proverbiorizarse, ya que si lo que pide el pueblo es justo, escribir necio para darle gusto.

Cobra valor entonces El aprendizaje del miedo, porque es un libro unitario. Es decir, el tema dominante, el dolor, la muerte, es la temática de un libro que con la sublimación por la belleza, lo hace legible y ameno cuando el cáncer, el innombrable, ése que lleva uno consigo unido al cuerpo como una granada de mano, terminará matando en el dolor. Lo escribe Paco sin volver la cara en el poema «un cangrejo gotas de napalm», un cangrejo es cáncer en el zodiaco/…pinza, devora las entrañas/ mientras el cuerpo no hace nada por defenderse/…Una clepsidra bombeando napalm -la quimio- y el dolor definido como: Abril sin sangre es un enero en el que no crecen flores.

Pero hace adagios, para escapar del látigo interno donde el alma intenta sus conatos de armaduras. Acaso la muerte es la gran madre/ nadie le conoce huérfanos. Genial. La huida del dolor también será una metáfora surrealista: apostar las cicatrices por el Alzheimer, para no recordar nombres/olores ni saliva. Busca el Lete y la Estigia. La muerte al fin y al cabo tiene patas de esponja y corazón de avaro, por eso el dolor tiene lujurias esclavizadas, árboles cadavéricos, sintagmas ya sin lunas.

El pensamiento puro del naufragio. El cuerpo en su hundimiento rodeado de seres que no pueden salvarlo. El oleaje arrugado de las sábanas… la disolución del ser, el momento en que el yo esencial nada en el miedo hacia la nada o hacia la fe. Cuando aceptas o tienes que aceptar que dormirás bajo tierra con el no yo, ya embrionario de la eternidad.

Los labios desbesados/ la piel desabrazada/ y el sexo varado/ como en una playa desierta/.

Libro de poemas de un poeta. Poeta universal que huye del localismo y sus secuelas. Que tuvo que someterse al apotegma de Cortázar: Los poetas aprenden sufriendo lo que exaltarán cantando.

Y salió triunfante. De la agonía de la huida. De su reconstrucción por la palabra.