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Paco Ramos: «El feminismo es la mayor revolución y la mayor esperanza para el ser humano»

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Paco Ramos: Este libro es un grito, una denuncia, una voz de hartazgo ante los acontecimientos que vienen sucediendo en el mundo especialmente desde la crisis de 2008, y es también un deseo de cambio. Una crisis económica no es un desastre natural que no se pueda predecir. La economía está gobernada por los hombres, son ellos los que suben y bajan el precio del dinero y de la vida y, por tanto, esas élites poderosas que manejan el capital son las responsables de que, según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, desde esa crisis de 2008, se hayan suicidado más de trece mil personas por haber sido desahuciadas de sus casas; o de que veinticuatro mil personas mueran de hambre al día en el mundo, según la FAO; o de que haya, según Cruz Roja, treinta mil personas malviviendo en las calles españolas. La gente tiene que saber que un 1% de la población mundial detenta el 99% de la riqueza del planeta. Este libro es una forma de señalarlos, de nombrar a los responsables de un desastre que no es natural ni impredecible. 

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Este libro forma parte de una trilogía poética junto con El aprendizaje del miedo Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio. La idea era hacer un proyecto en torno al poema de Miguel Hernández, “Llegó con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida…” Cada uno de los tres libros se corresponde con una de esas heridas; El aprendizaje del miedo es la herida de la muerte, Breves apuntes… es la del amor y Los muertos de Bilderberg se corresponde con la de la vida. Hay un gran sector poblacional que vive herida de precariedad y yo también viví y vivo esa circunstancia, pero especialmente la padecía en 2013 cuando, a consecuencia de esa crisis de 2008, perdí el que era mi empleo de entonces, sumado a unas circunstancias que, en un breve lapso de tiempo, me habían hecho perder a mi madre después de una enfermedad y vivir una ruptura sentimental. Los tres libros surgen del mismo momento y casi al mismo tiempo, escribir y leer era una forma de entender todo aquello que estaba pasando, que el mundo que durante tanto tiempo había construido se desmoronase por completo en unos pocos meses.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Que el sistema en el que vivimos no practica el bien común pero que podemos ser capaces de cambiarlo. Y que el feminismo es la mayor revolución y la mayor esperanza para el ser humano de nuestro tiempo. 

¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Creo que sería muy pretencioso pensar que un libro puede conseguir un efecto. E incluso, en mi opinión, el libro perdería fuerza, por efectista, si fuese construido buscando ese efecto premeditadamente. Yo escribo como una forma de entender e interpretar mi propia vida, partiendo desde la más absoluta experiencia individual, pero tratando de llegar a lo colectivo, esa es la razón de la literatura y de todo lenguaje, que al final se produzca una comunicación entre el autor y el receptor de la obra. Dicho esto, si tuviera un efecto me gustaría que fuese el de la conciencia. 

¿En qué medida veremos en él —o no— al Paco Ramos de tus anteriores obras?

Los tres libros que he publicado hasta ahora han partido de grandes catástrofes. Sin embargo, todos terminan con una esperanza. Construir este poemario bajo una arquitectura bíblica, con un Génesis, un Antiguo Testamento, un Nuevo Testamento y un Apocalipsis me ha facilitado el hecho de poder contar una historia de principio a fin y llegar a esa esperanza, el apocalipsis de un sistema opresor tras el que ha de llegar un mundo mejor y una mejor forma de ser persona. Creo que es ahí donde mejor se me ve, en la esperanza. 

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de Los muertos de Bilderberg, ¿cuáles serían?

Siempre es muy difícil elegir, pero aún más cuando construyes un libro que funciona como un todo, no como una colección de poemas sueltos, pero por el significado que tienen dentro del libro, me quedaría con el Génesis, la Primera Plaga y El fuego. 

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué?

No creo que sea un punto de inflexión, sí que ha sido un libro que me ha enseñado mucho a nivel personal por el hecho de adentrarme en el terreno de la poesía social y la búsqueda de referentes y lecturas que he llevado a cabo sobre ella. Autores como Uberto Stabile, Mari Ángeles Maeso, Enrique Falcón, Antonio Méndez Rubio, Ana Rossetti, o Antonio Orihuela a los que he leído con devoción. 

Lo más inmediato es, Talasemia, un poemario en formato pliego de cordel que editan Gema Estudillo y Uberto Stabile dentro de la colección de Las hojas del baobab, de Garum Ediciones. Un libro muy diferente respecto a todo lo que he escrito hasta ahora que presentamos el 14 de octubre en Madrid y el 21 en Cádiz. Y lo más “peligroso” sucederá en primavera con la publicación de mi primera novela. He de reconocer que el cambio de género me da cierto vértigo, pero a la vez me ilusiona que puedan leerme en otro registro y acercarme a otro tipo de público que por desgracia no es lector de poesía. 

Por último, como lector, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Como lector me gustan mucho Isabel Martín, Josefina Aguilar, cuyo Aubade es uno de los libros que más me han sorprendido últimamente, o Mónica Manrique. Son tres poetas inmensas. 

Tres poemas de ‘Los muertos de Bilderberg’ de Paco Ramos

EL GÉNESIS

“Vino pues a domarnos la gente de orden”
Juan José Téllez

En el principio creó Bilderberg los Estados y el dinero
y decidió llamar capitalismo al sistema imperante. 
Y Bilderberg dijo: 
sean para nosotros los recursos del planeta, 
arrasados los bosques de la tierra,
talados sus árboles, 
contaminados sus ríos, 
explotadas sus montañas en busca del material preciado. 
Hagamos de sus pobladores mano de obra barata,
trabajen para nosotros con el sudor de su frente, 
reciban a cambio migajas en forma de salario,
minijobs y horas laborales sin contrato.
Sean los tiranos dirigentes que amenacen a su pueblo,
violen a sus mujeres, 
hagan soldados de sus niños
e impongan para siempre el miedo entre sus calles. 
De la Escuela de las Américas haremos una universidad en Panamá
donde enseñar a ejecutar con orden y concierto
suculentos golpes de estado. 
Cotizará la prensa en bolsa quedando la información en manos de magnates,
convertido en negocio el periodismo 
la verdad dejará de ser importante. 
Llamaremos “Mercado común” a la colonización empresarial 
que acabará con la desaparición de los mercados,
el empobrecimiento de las tierras, de los agricultores, de los ganaderos.
Llegará el hambre a la gente,
los pueblos volverán a ser el epicentro tremendista,
la España vacía.
Lastraremos el futuro a base de hipotecas,
los bancos serán rescatados, 
los ahorros volarán a Suiza, 
los paraísos dejarán de ser islas desiertas para ser territorios libres de fiscalidad.
La pobreza energética marcará el fin de la clase media
y de la cultura haremos un circo de payasos.
Objetos de consumo para mentes vacías serán los libros
y las televisiones voceros de la simpleza. 
Muertos Galeano, Chomsky o Casaldáliga 
los referentes serán tronistas, 
cuerpos esculpidos en modelable materia gris.

Y ya al final, sometido el ser humano a su voluntad,
Bilderberg declaró la guerra a la pobreza.
Muros de la vergüenza para proteger sus castillos
de seres humanos ilegales que transitan como escombros,
el mediterráneo convertido en una tumba,
la gran fosa común de nuestro tiempo.

Celebró, Bilderberg, la creación del mundo.
Comieron y bebieron manjares robados. 

PRIMERA PLAGA

Donde la indigencia es real y asfixiante
Uberto Stabile

A nadie quiso este frío
coger al descubierto.

Y no son las calles
la trampa de una selva
cubierta de peligros,
ni en los cajeros automáticos
ni en las bocas de metro. 

No deberían de serlo. 

En los cartones
que se apelmazan en el suelo
duerme
 la violencia salvaje de los reyes.

EL FUEGO

Padre, he visto el fuego
que ha de devorar el mundo
y no conozco hombre
que ante la revolución no se corrompa.
Por eso 
he de quemarte, padre, 
a ti,
seas pasto del fuego,
eres herida en la carne de mi madre,
de todas las madres,
de todas las mujeres oprimidas. 
Porque ahora yo porto la antorcha,
padre, 
y no habrá quien sobreviva,
padre, quien sobreviva a estas llamas
que han de devorarlo todo,
padre, 
yo porto la antorcha. 
Desandaré los caminos de los hombres
nunca nos hicieron libres
y he de quemarlos, padre, 
como también arderás tú,
que no supiste hacerme mujer
igual a los de tu especie.
Padre, ¿ves el fuego?

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Marina Casado escribe sobre Los muertos de Bilderberg

La poesía de Paco Ramos es un grito, el temblor de la llama en medio de este mundo tan frío. Lo era ya en su primera obra, El aprendizaje del miedo, en la que una experiencia personal (la enfermedad y muerte de la madre) supo alcanzar la cumbre de lo universal y logró lo que, en mi opinión, debería ser la aspiración de todo poeta: conmover al lector. Cada vez resulta un reto más complejo, porque la sensibilidad parece dormida y hay que agitarla para que despierte. Pero el poemario más reciente de Paco lo ha vuelto a conseguir.

Los muertos de Bilderberg (Huerga y Fierro) pone un espléndido broche a la trilogía poética iniciada por El aprendizaje del miedo y continuada con Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio. No es el más oscuro de los tres, pero sí aquel cuya oscuridad se extiende hasta fronteras más lejanas. Una oscuridad que cubre el mundo. Porque, en esta ocasión, el grito lírico de Paco quiere representar a una generación maltratada por la crisis económica, la suya, y a una clase social, la de los oprimidos. Es un grito que denuncia la injusticia, la pobreza y la falta de libertad en un universo gobernado por una élite a la que ha llamado “Bilderberg”, en alusión al célebre Club Bilderberg: “una verdadera casta formada siempre por élites blancas de Europa y Norteamérica y cuyo objeto, heredado de ancestrales círculos de poder, es mantener los privilegios que vieron peligrar tras el proceso de descolonización”. Bilderberg es el “Moloch” de Allen Ginsberg: “¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables!”. Es el monstruo sin rostro del capitalismo, los hilos que mueven el mundo desde la sombra.

Parte de la originalidad del libro reside en que Paco invierte los símbolos del cristianismo para establecer una identificación entre Dios y Bilderberg, por lo que encontramos cuatro secciones diferenciadas: “Génesis”, “Antiguo Testamento”, “Nuevo Testamento” y “Apocalipsis”. En su magnífico prólogo, la profesora María Jesús Ruiz precisa la clave de esa inversión: “si bien es cierto que el artificio del poeta ha sido relatar un trasunto bíblico que comienza con la creación y termina con el caos, no lo es menos que la noble trampa que nos tiende consiste en la propuesta contraria, a saber: guiarnos por la oscuridad presente de nuestro apocalipsis hasta la luz de un nuevo orden”.

Comienza el Génesis: “En el principio creó Bilderberg los Estados y el dinero / y decidió llamar capitalismo al sistema imperante, / Y Bilderberg dijo: / sean para nosotros los recursos del planeta”. A continuación, el “Antiguo Testamento”, compuesto de “Los mandamientos de la Ley de Bilderberg” y once plagas. En los mandamientos, el poeta traza un perfil de Bilderberg, que exige confianza ciega (“Creerás a Bilderberg sobre todas las cosas”), anonimato (“Omitirás el nombre de Bilderberg como si nunca hubiera existido”), ausencia de moralidad (“No tendrás convicciones éticas ni morales”, “Desprenderás al pobre de todo cuanto posea”), control de los medios (“Utilizarás los medios de comunicación a tu antojo”) y poder absoluto (“Todo cuanto sea deseo de Bilderberg será de su propiedad”).

La obra da voz a los silenciados, los olvidados, los pobres, cuya dignidad se asemeja a “la violencia salvaje de los reyes”. El mar se extiende como la frontera entre uno y otro mundo: “A esta orilla, / desde la que observamos el mar y sus prodigios, / no llegan los gritos. / Somos los sordos / de la noche aciaga y ciega”, “A lo lejos, / un hombre grita democracia / pero nadie oye el hambre de África”, “Del mar / es su dolor, / los cayucos que navegan sin puertos, Ítacas ni esperanzas”. Pero el mar no olvida y “nos mira / con los ojos / de todos sus ahogados”.

La voz se alza contra los políticos (“Ellos, / que han dirigido nuestras vidas / hacia lo que se suponía / un futuro de esperanza”) y contra ese mundo académico que no desemboca en trabajos dignos y estables (“Y sólo sé de la juventud dilapidada”). Esa inestabilidad laboral genera el fracaso en una dimensión más íntima que también queda reflejada en la obra: “si para amar / también hace falta un trabajo, / una cartera que no huela a humedad / o una seguridad social llena de cotizaciones”. No obstante, el poeta reivindica ese fracaso, porque lo contrario sería venderse a Bilderberg: “Conviene / cultivar una serie / de fracasos cotidianos”, “Las autoridades sanitarias desaconsejan amar como yo amo, / pero no sé vivir de una forma que no sea a corazón abierto”. Efectivamente, Bilderberg no soporta la sentimentalidad. La poesía es una forma de rebelión contra esa dictadura impuesta, y pide el poeta: “Arrastradme al centro, / donde la luz no llega, / quiero ser solo, / quiero ser una salvaje criatura en el equilibrio de este bosque. / Dadme la oscuridad para ser feto”. La libertad no es tan fácil de alcanzar, porque ha de existir una voluntad inicial de alcanzarla, un deseo de huir de las garras del capitalismo: “He peleado con las jaulas / hasta hacer volar a los pájaros, / ahora sólo tienen que perder / el miedo de ser libres”.

En el Apocalipsis, la añorada libertad arrasa con el orden de Bilderberg, configurando un caos que no se limita a lo semántico, sino que juega también con lo visual, con lo lingüístico. Proclama la voz lírica con rotundidad: “Y ahora, Bilderberg, / la voz del pueblo es nuestra. […] / Hágase en mí la fuerza que ha de cambiar el mundo”.

Tal vez el mundo es una dimensión demasiado grande, pero el lector sí hallará un cambio en sí mismo al terminar este libro, que nos empuja a reflexionar acerca de la sociedad y la época en la que vivimos a través de la poesía, y no cualquier poesía, sino la de Paco Ramos Torrejón, que es una flecha directa a la conciencia.

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Jesús Cárdenas escribe en Todoliteratura sobre Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio

El amor es una cuestión de equilibrio: cuando se está enamorado se está más cerca del cielo; y con el peso del desamor, en el suelo o hundido. Entre el ascenso al abismo. Ya lo veía en ese viaje vertical el chileno Vicente Huidobro en el poema “El célebre Océano”: “Yo veo desde aquí las esfinges en equilibrio sobre el alambre”.

Una dialéctica entre la luz y la oscuridad. En permanente equilibrio se hayan sometido también las palabras en la poesía, a veces incluso a una tensión extrema, a un modo deslumbrante de no participar en el anonadamiento de cierta poesía joven. Así, el segundo libro de poemas de Paco Ramos, «Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio» (Huerga y Fierro) se presenta como un destello que ensalza la vida gracias a la búsqueda y hallazgo del ser y de la palabra; un inventario para (no) caer.

Si en su primera entrega lírica, El aprendizaje del miedo (Takara Editorial, 2016) los poemas eran anclas para amarrarse al mundo, en esta segunda, los poemas constituyen finos cordeles por donde caminar.

El libro se articula en tres partes, “La caída”, “Desde la red”, “El ascenso” más un “Epílogo”, divididas cada una en preámbulo y capítulos. El hecho de escribirlo en partes con capítulos le otorga forma de relato. A lo que cabe añadir que algunos poemas tienen disposición o apariencia narrativa, incluso toma citas de novelistas como Milan Kundera (en el Capítulo 8 de la tercera parte). Se presenta la cronología del discurso amoroso del desamor al amor con saltos temporales referidos al deseo. Sin embargo, las imágenes, el empleo del lenguaje hacen del verso libre de Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio una emoción y asombro que no decaen en la lectura poema tras poema.

El impulso del amor provoca que el poeta isleño ofrezca diferentes versiones del amor. Como ya manifestara el profesor de neurobiología alemán, Gerald Hüther en su libro La evolución del amor, el amor es una perspectiva de supervivencia. En nuestro autor: el acto de amar contiene un desprendimiento (“sobrevivir mudando la piel en cada despedida”) porque es sabedor de que es finito, como la propia vida, nacemos sabiendo que vamos a morir (“Vivir el amor / sabiendo que ha de acabarse”). Acaso sean altibajos mostrados en el pliegue del mar: “Todo amor es tempestuoso en sus extremos. / La pasión devora sus principios, / asalta la quietud, / acelera el movimiento de las olas”. Mantener el equilibrio es tan importante en el salto al cable, como en la finalización, por eso en la despedida: “Porque mañana, a esta hora, / la vida habrá seguido su curso / y soplará el levante llevándose lejos / los últimos trazos de tu ausencia”. En la tercera parte, como largo homenaje del poeta isleño al mar, y especialmente a la marea, y guiño al poemario Mi nombre de agua de la poeta Marina Casado:

También el amor,

como las olas,

tiene

mil

maneras

de

romperse,

vuelve a emplear, antes de entrar en la tercera parte, un tono desolador a propósito de la fugacidad del amor, acaso el establecimiento de la analogía desamor y muerte quede perfectamente manifiesto: “El hombre sabe que los corazones paridos por el mar / boquean su vida a duras penas / como delfines varados en arena”. El agua modifica la sustancia del sujeto, en su resistencia al desamor: “Soy el hombre de barro / que no teme a la lluvia”.

Frente al joven poeta que no busca las huellas en la tradición Ramos reivindica la recuperación de la tradición clásica. En uno de los poemas de la primera parte, “Capítulo 6”, revisa el final de la célebre aventura de Homero, donde la mujer ya no le espera, sino que “ha lanzado su cuerpo / a las aguad de la Estigia”, mostrando, tal vez, el signo de la derrota: “Homero no quiso un final así para su héroe”, concluye. Por otra parte, recuérdese cómo en La Eneida Virgilio se enfrenta a la dialéctica: entre Dido y Eneas se produce la tensión entre el amor y el desamor. El tono se irá recrudeciendo mediante el empleo de referencias mitológicas (“El amor es cicuta que se bebe a sorbos”). En la tercera parte, se describe “y yo un Ulises que navegaba / hacia su propia destrucción”. En el Capítulo 3 de la tercera parte enhebra la historia a la mitología con distintas referencias a Adán y Eva, las ruinas de Palmira… Y para el penúltimo poema, uno de los más líricos del conjunto, recupera el tono optimista en los dos últimos versos: “Éfira verá algún día / a Sísifo volviendo a casa”.

Necesariamente el sujeto desea agarrarse a la vida, al amor, al deseo aun a riesgo de su voracidad, del vértigo que produce en las alturas. El escenario que mejor recrea el asombro del deseo es juvenil, un fuego tan inocente que no hay miedo a probar, a equivocarse, (“En el sexo somos niños / que miran la vida con asombro”). En el segundo poema de la segunda parte el sujeto defiende la oralidad en el sexo de un modo sutil, justificando nuestra procedencia (“Nacemos de una boca / porque no somos más que palabras, / el lenguaje de dos cuerpos que terminan en orgasmo”). Pero con los años (“A este verano ya no le quedan más días”) la corriente del deseo se termina secando (“Niños que ahora son adultos, / que perdieron su capacidad de asombro”). Con todo, en un tono optimista, Ramos se agarra al amor, entre sones darianos y cántico sanjuanesco (“El amor es un canto de esperanza, / un algo que un día se siente inesperado”).

Aunque la analogía del amor más empleada y la que otorga cohesión al libro es la referencia a Philippe Petit, el funambulista francés que alcanzó la fama por cruzar sobre un cable de acero entre las Torres de Nueva York. El poeta enamorado se identifica con él: “Como Petit, / yo también crucé / el cielo de Manhattan, / de torre a torre, / sobre un cable / […] Pero en la torre opuesta / tú no me esperabas: // sólo pretendías / cortar el cable”. Pero la fragilidad aparece mejor desarrollada en el primer poema de la segunda parte, titulada “Desde la red”. Allí puede leerse “Sobre el alambre, / la paciencia infinita del hombre / que sabe está muerto”. Al concluir que el verdadero peligro no está en las alturas: “El equilibrista no teme a las alturas, / sabe que el peligro acecha sobre el suelo”.

El poeta es consciente de que su materia es “el amor” y que el poema es “carne de palabra”, dañada, aunque tenaz “en la descompuesta piel de un árbol muerto”. Por fortuna, tenemos este manual necesario de acercarse a este “enfrentarse a la tentación de poner un paso en el vacío”.