Deambulario

Leer es vivir. El entusiasmo de la literatura. De Jorge Morcillo

Hace mucho tiempo, unos amigos me prepararon una cita a ciegas. “Te va a gustar”, me dijeron. Y todo empezó bien. Efectivamente, hubo una buena predisposición al vernos, pero todo empezó a torcerse cuando empezamos a hablar de aquello que nos gustaba. Más concretamente cuando le dije que yo pasaba muchas horas leyendo y ella me contestó: “Leer está bien, pero hay que salir, la vida está fuera, en la gente, en las personas, en relacionarte, no en quedarte en casa leyendo.”

Jorge Morcillo ha escrito uno de esos libros en los que cualquiera puede llegar a entender que la literatura puede ser una pasión, un amor, y no una forma de pasar el tiempo por pasarlo, sino una forma de vivir.

Leer es vivir. El entusiasmo de la literatura, es una memoria lectora, pero no tan sólo eso, no es una simple enumeración de lecturas, sino que todas esas lecturas se van mencionando a la vez que se relacionan con periodos de la vida del autor desde el primer destello, en el que un niño es castigado por sus profesores a pasar las horas de escuela en el “cruel” encierro de una biblioteca escolar que le abrirá las puertas del mundo: “No sospechaban que me acababan de desterrar a uno de los pocos sitios donde podía ser feliz.”

A partir de ese momento, la vida va pasando por sus diferentes etapas siempre de la mano de algún libro: las ansias de libertad del adolescente que sueña con Huckleberry Finn, los periodos de convalecencia de la mano de Gavroche, las estaciones de trenes lejanas donde un polaco descubre a Jorge Morcillo las maravillas de Laszlo Krasznahorkai muchos años antes de que le diera un nobel que, sin mencionarlo, el autor reclama a gritos durante el libro, tal es el deslumbramiento.

Leer es vivir tiene momentos de una clarividencia literaria abrumadora: “toda gran literatura y toda gran creatividad nace de la necesidad de afrontar nuestras batallas perdidas. En realidad, sólo importa la dignidad del que sabe que todo está perdido y no por ello deja de seguir luchando.”; declaraciones de amor dignas del más pasional de los enamorados: “Cuando la inteligencia y la belleza caminan juntas el universo tiembla y todo cobra sentido.”; Y también momentos para la rebelión: “El mundo laboral es enemigo de los lectores y sólo sirve para mantener a una plutocracia infecta que nos vampiriza los mejores años de nuestra vida.”; o para la crítica más certera y despiadada: “Hay montado todo un entramado empresarial para tomarles el pelo a estos lectores (a quienes consumen Premios Planeta y otras patrañas, se refiere Jorge Morcillo), con escritores que no merecen ningún respeto y que se prestan muy gustosos a estos actos despreciables de hipocresía. Son “los advenedizos”. Los escritores sin ningún tipo de dignidad y calidad. Una chusma que prolifera como las cucarachas e invade los espacios de la cultura.”

La lectura de Leer es vivir. El entusiasmo de la literatura, es capaz de generar más lectores que cien años de sórdidas aulas. La nómina de autores referidos y pasiones engendradas es inmensa. Emocionante es el fragmento que Jorge Morcillo dedica a otros autores de Niña Loba Editorial en una muestra de respeto, generosidad y justicia hacia quien se bate en duelo con las palabras para componer una buena obra sin más pretensión que el puro amor por la literatura: Yordanka Almaguer, Emilio Picón, Mayte Blasco, Alicia Andrés Ramos, Cecilio Gamaza Hinojo, Gorza Maiztegui Zuazo, Francisco Plata, Paula Aparicio Cejudo, etc, son referidos “por su talento y honestidad creativa”, así como Darío Méndez, director de Niña Loba Editorial, por “caminar a contracorriente de lo que actualmente  se edita en este país.” Dice Jorge Morcillo: “La literatura más arriesgada vive siempre en las editoriales más independientes.”

La cita que mis amigos me concertaron con aquella muchacha, desde que me animó a dejar la lectura para salir a la calle, transcurrió ya sin pena ni gloria por el simple hecho de ser educado. Lo que me apetecía era salir de allí inmediatamente. Hoy en día, después de leer Leer es vivir. El entusiasmo de la literatura le hubiera dicho lo que su autor afirma:

“A los que solemos leer a diario nos interesa tanto la vida como la literatura y casi consideramos a las dos complementarias y al mismo nivel. Yo he vivido más y mejor porque he leído todo lo que he podido, y he leído todo lo que he podido para vivir más y mejor.”

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