Deambulario

Enero

Fotografía de Susan Burnstine

(Fotografía de Susan Burnstine)

«Enero tiene algo de drama. Enero es soledad. Un animal hambriento. Un telón a medio bajar mostrándonos sus penas. Para que no lo olvidemos. Para que lo sigamos aplaudiendo con nuestras lágrimas. Regalándonos sus aullidos para alimentar el insomnio. Un cachorro que sueña con la luna. Todo lo malo sucede en enero. Enero con sus nieves, con sus brumas. Dejando caer sus amenazas junto a la niebla, pequeñas jaurías de partículas cenicientas. Una ruina cercada, con su verja. Con sus dedos índices de óxido señalando siempre al cielo, acusándolo, advirtiéndole: aquí no se aceptan milagros. Las malas noticias llegan siempre en enero. Un palacio desaliñado con sus flequillos de cortinas rotas asomando por las ventanas. Como si dentro soplara el viento. Ese susurro de lo inevitable recorriendo sus paredes desconchadas de futuro. Jugando a ser música entre sus facturas de adobe y sus esguinces de bisagras. Treinta y una habitaciones llenas de fantasmas dormidos.»

Este inicio pertenece a Enero, el portentoso libro sobre el duelo que escribió Ángeles Sánchez Portero (adjunto aquí el booktrailer, que no es menos portentoso: https://www.youtube.com/watch?v=1I-X7oUJzTQ )

Hace ya tres días del accidente de los trenes en Adamuz y hasta hoy no he podido escribir nada. Que el accidente se haya producido en una vía por la que he pasado con frecuencia lo lleva hasta el terreno personal. Uno se hace cargo del horror. Siempre que hago ese trayecto, espero a pasar la estación de Córdoba para asomarme a la ventanilla y deleitarme con el verde de los últimos bosques andaluces antes de llegar a La Mancha. Árboles, desfiladeros, ríos… Si es a la vuelta, cuando llego a esa zona ya me siento en casa. Pero el domingo, la desgracia esperaba agazapada a los viajeros de los dos trenes en ese paraje hermoso que, de pronto, se tornó infierno.

Un enero de hace tres años, una hemorragia digestiva estuvo a punto de llevarme por delante. Diecisiete días de hospitalización, cinco bolsas de sangre para reponerme. En enero de 2013 mi madre fue diagnosticada del cáncer que acabó matándola.

Y ahí está el libro de Ángeles Sánchez Portero, como una premonición o una amenaza:

Enero tiene algo de drama

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